En las noches de noche oscura
hay corazones en vela
robando besos transidos
que supuren sus heridas,
sueños abriéndose paso
entre humedales de niebla
para huir de la espesura
que los laceran por dentro.
En las noches de noche oscura
hay estrellas sin luna
y luna sin estrellas,
almas blandiendo penas
que no hallan salida
a las pesadillas nocturnas
que se cuelan de madrugada
en la hondura de sus entrañas.
En las noches de noche oscura
hay amores perdidos
que conducen a la locura,
pasiones encontradas
que no encuentran cordura,
diablos cojuelos
que vagan por tejados
huyendo de los infiernos.
En las noches de noche oscura
hay sollozos que no cesan,
lágrimas que empapan
los silencios estériles del aire,
rescoldos de pesares ardiendo
que el tiempo no apaga
y los recuerdos avivan
sin medida ni distancia.
En las noches de noche oscura
hay pecados que no se perdonan
escondidos a buen recaudo
bajo el quicio de la almohada,
íntimos secretos veniales
celosamente guardados
como un precioso tesoro
bajo siete llaves y un suspiro.
En las noches de noche oscura
hay emociones sin desenlace
que perduran en el tiempo,
relatos sin historia
que se fueron sin un adiós escueto
y ya no anidan en la memoria
de quienes las sufrieron
a golpes de martillo.
En las noches de noche oscura
hay insomnios en duermevela,
que se acomodan en su trono
pare reinar en su universo bruno
hasta el tibio clarear de la mañana,
cuando la vida se despereza
con bocanadas de luz que desmenuzan
versos de amargura sombría.
En las noches de noche oscura
hay ojos cegados de espanto
que ansían beberse la claridad
que emana del crepitar del alba,
espíritus indomables
que asoman a contraluz
al final de la hora nocturna
cuando la oscuridad escampa.