Mi alma andaluza

Con mi puño en alto

y mi corazón a la izquierda,

late mi alma andaluza

ondeando contra viento y marea

su jadeo de verde esperanza,

su diáfana aurora blanca.

 

Esa agitada alma mía

de raíces incandescentes

que no quiere miserias,

desaires ni vergüenzas,

caricias que no se sienten,

migajas de ternura falsa.

 

Esa alma mía de mirada nítida

y ventanales abiertos

que no quiere que la vendan,

la hieran o la traicionen,

la humillen o la maltraten,

la ultrajen o la arrodillen.

 

Esa mi alma andaluza

que solo pide sin bajezas

que la amen a manos llenas,

que mi hermosa tierra mía

no está en edad de merecer

que no den su vida por ella.

 

Esa reluciente alma mía  

que, descosida y yerma,

a veces se viste de luto,

se le secan sus pupilas

y llora lágrimas de mimbre

para ahogar sus penas.

 

Esa indómita alma mía

que, de tarde en tarde,

borra el crespón negro

que luce en su solapa

para desvanecer zozobras

y avivar esperanzas.

 

Con su corazón descosido

y su alma baldía,

Andalucía hoy está de duelo.

Se le desgarró la garganta

de tanto gritar al cielo

que le devuelvan su vida.

 

 En su hermosa bandera,

verde desesperanza,

blanca mortecina,

anidan nubarrones

que empañan su memoria

y desvanecen sus sueños.

 

A la Andalucía de Mariana Pineda, de García Lorca, de Blas Infante...

A la Andalucía que fue y sueña con volver a ser