Las lágrimas como la sangre del cerebro,
la liberación del sentimiento y la aceptación de esa maldición.
Maldita y con el cerebro desangrándose,
maldita y con la cara manchada,
las manos llenas de suciedad,
manos cargadas con el resultado de la emoción maldita.
Maldito todo aquel con la capacidad de sentir de más,
malditos todos los que descubren los sentimientos reales,
maldito el que se quita la venda y se atreve a sentir.
A veces me gustaría ser tonta y no tener autoconcepto ni conciencia,
porque quitarse la venda es condenarse.
Cuando aprendes no dejas de verlo ni de sentirlo jamás,
y cuando lo entiendes
te vuelves consciente del maldito espiral.