Querida Luna llena:
Hace tiempo escuché que a ti no se te piden deseos, el motivo no lo sé, pero a mí me gusta creer que las noches en las que sales te puedo hablar y por eso, siempre te pido que él esté bien, que ojalá esté cumpliendo todas sus metas, que nos regales un reencuentro y ese día me perdone.
Espero que cada noche le susurres que estuve en Madrid y pasé por su calle sin querer, que las manos me temblaron y hasta se me olvidó mi nombre, que quería correr a tocarle la puerta y abrazarlo hasta que se escapara el avión. Dile que viví mi mejor verano, que con él el sol brillaba mucho más, el agua del mar no estaba fría y que las nubes que flotan en mi cabeza se iban cuando me miraba. También, puedes decirle que besar cada parte de su cuerpo fue todo un arte.
Una vez le conté que cuando era pequeña escribía cartas a los chicos que me gustaban, pero ya no, porque prefería dedicar poemas hechos por otros autores a la persona que consiguiese enamorarme, así que dile que me quedé con las ganas de leerle todo un poemario. Probablemente, te estés riendo de mí, porque ahora le estoy escribiendo una carta y la mitad de mis poemas tienen su nombre.
Luna, cada vez que salgas, cuéntale que ya no me quedan más libros por leer, menos el que me regaló porque no lo puedo abrir, y pregúntale si se terminó mi libro favorito. Cuéntale que ya no sueño con él, pero ayer me vino su olor, su color y comida favorita, y me acordé de que quería hacérsela y que fuese el primero en probar todos mis postres, pero ese recuerdo ya no dolió tanto. A veces, cuando pasan los aviones por la noche y tú estás tan brillante, pienso que es él llegando a la isla y va a venir a buscarme, pero las noches son largas y no tan claras como tú. Dile que me aprendí la matrícula del coche y de manera inconsistente la voy buscando por la calle todo el tiempo, esperando que sea él quien conduce y verlo aunque sea un segundo.
Ahora toca volver al plan A, porque yo sí me imaginaba en la iglesia de blanco y él esperándome al final; soñaba con nuestra casa y unos niños con sus ojos. Luna, dile que yo lo hubiese querido tan bien, porque es tan fácil quererlo aunque no se dé cuenta. Por favor, recuérdale ese detalle todas las noches que salgas y acarícialo con mucho cuidado.
Seguro que lo sabes, porque tú lo ves todo, pero yo lo traté como se merece un corazón roto, aunque ahora sea el mío el que lo está y que he intentado mil veces olvidarlo, pero es que no sé cómo hacerlo, o porque no quiero.
Luna llena, cuando se esté dejando dormir...
Con cariño, P.